Los juegos de internet son cada vez más fascinantes, y algunos son como mundos virtuales. Esto ha propiciado que bastantes personas jóvenes, y no tan jóvenes, se apasionen por estos juegos y que dediquen a ellos una cantidad importante de su tiempo libre. Obviamente, en los casos extremos, cuando la afición a los juegos de internet se convierte en adicción y la persona descuida sus responsabilidades y hasta su salud, podemos hablar de efectos nocivos para la salud mental provocados por esa actividad. Pero cuando la afición, aun siendo notable, no llega a ese extremo, ¿se generan también efectos nocivos, aunque sean menos inmediatos y menos elocuentes? Una nueva investigación ha buscado la respuesta a esa pregunta.

Los resultados de investigaciones previas son un tanto contradictorios. Algunos indican que para los niños pequeños pasar muchas horas ante la pantalla puede hacer que se vuelvan menos capaces de reconocer las emociones. Pero algunos niños también adquieren habilidades valiosas a través de los juegos de internet, y muchos ven aumentadas sus relaciones sociales y la cantidad de amigos.

El equipo de Beate Wold Hygen, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), ha estudiado las posibles conexiones entre experimentar síntomas de trastorno por juego en internet durante un período de la infancia o adolescencia y sufrir problemas de salud mental algún tiempo después.

«No hemos encontrado ninguna conexión entre el trastorno por juego en internet y los problemas psiquiátricos, aparte de que los niños de 10 y 12 años que tenían más síntomas de adicción al juego desarrollaron menos síntomas de ansiedad dos años después, cuando tenían 12 y 14 años», resume Hygen.
Esto último, lo de que los niños enganchados a los juegos de internet desarrollaron luego menos síntomas de ansiedad, en vez de más síntomas, resulta muy llamativo. Este efecto podría estar relacionado con los aspectos del enriquecimiento en relaciones sociales que aportan muchos de los juegos de internet, o con el hecho de que los juegos son una distracción que hace que los niños se obsesionen menos que otros en los problemas cotidianos.

Por otro lado, el equipo de investigación no ha encontrado una relación a la inversa. Los niños que tenían más síntomas de trastornos mentales como ansiedad, depresión y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), no eran más susceptibles a la adicción a los juegos